En el mundo desarrollado, donde la mayor parte de las enfermedades infecciosas, gran problema del resto del planeta (aunque eso parece que nos la rebufa...), están bajo control, nuestros esfuerzos investigadores se dirigen hacia otros problemas que emergen en ausencia de éstas. Uno de los focos más importantes se situa en el campo de los trasplantes de órganos (uno de los hábitos más comunes de los "civilizados" es intoxicar los propios órganos con alcohol tabaco y grasa 100% pura con sal por encima y después póngame sacarina, que me he pasado...) Conseguiremos hacer andamios para el corazón? De Flickr En el caso de que esta técnica se perfeccionase en su modelo para ratas, se podría comenzar a plantear la posibilidad de seguir el mismo camino en humanos, introduciendo células madre en un corazón fantasma adecuado para humanos. Los primeros candidatos para ejercer de andamio cardíaco humano ya se empiezan a apuntar: corazones obtenidos de cadáveres humanos, andamios artificiales, i incluso, el andamio del corazón del animal con el sistema circulatorio más parecido al de los humanos (y no es ninguna broma): EL CERDO.
Mientras en el caso de otros órganos, como el hígado, las capacidades de regeneración del propio tejido dan la esperanza de utilizar células sanas del propio órgano del paciente, en el caso del corazón, esta posibilidad queda prácticamente descartada: el corazón tiene una pésima capacidad autoregenerativa (al menos físicamente, porque ¿a quién no le han roto alguna vez el corazón, y aún está por aquí pululando? Vale, chiste malo...).
Pero he aquí que, entre todas las alternativas posibles empleadas hasta ahora, con mejores o peores resultados, aparece en el horizonte una nueva, que se publica hoy en Nature Medicine, y que algunos han bautizado como "corazón fantasma"... ¿En qué consiste?
Para empezar, dejemos claro que la cosa por ahora se ha hecho en ratas y ha dado resultados esperanzadores, pero no operativos. ¿Ya sabéis lo que eso significa? ¿No? Yo os lo explico: que igual no se consiguen resultados mejores que estos en las propias ratas, que igual no se consiguen resultados parecidos en humanos, que igual vete a saber qué puede llegar a pasar en el larguísimo camino que separa una experiencia in vitro de una in vivo. Dicho esto, una vez puestos los pies en el suelo, veamos lo que han hecho Doris Taylor y sus colaboradores de la Universidad de Minnesota.
Partiendo del corazón de una rata, le han eliminado todas las células mediante detergentes (no penséis en el ajax pino o el dixan, aunque la cosa tiene unos efectos similares...) y se le ha dejado solo la estructura básica (osea, el andamio sobre el cual estaban las células) formada por fibras y otras sustancias no celulares. Esto es lo que algunos han llamado un "corazón fantasma". Sobre este andamio, o "corazón fantasma" se inyectaron células que provenían del corazón de una rata recién nacida y que, a pesar de no ser células madre, sí que tienen la capacidad de diversificarse en todos los tipos de célula que encontramos en el corazón del adulto.
Pues bien, los resultados obtenidos han sido que, en la estructura del andamio de la rata adulta, las células introducidas formaron una estructura de tejido que, al cabo de un tiempo empezó a latir y a presentar el comportamiento de un corazón normal. No obstante, y como os decíamos antes, los resultados de momento son sólo esperanzadores, ya que si bien el tejido latía, el latido era mínimo respecto al que requeriría un corazón funcional normal (en este sentido se habla de la necesidad de más tiempo y/o introducción de más cantidad de células)
15/1/08
El "Corazón fantasma" y el futuro de los trasplantes
Publicado por
Quim ADSADN
en
8:41
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Etiquetas: Actualidad, Células madre, Fisiología
25/11/07
Aquí no se tira nada
Esto era un hombre tan feo, tan feo, tan feo, que cuando nació su madre no sabía si quedarse con él o con la placenta.
Si esa mujer hubiese leído el review presentado por Toda y colaboradores, a lo mejor no se habría quedado con la placenta, pero sí con el saco amniótico.
El amnios es la membrana interna del saco amniótico, contiene el famoso líquido amniótico, es de origen fetal y se compone de una serie de capas sin nervios, músculos o vasos sanguíneos; normalmente acaba en el cubo de la basura tras el parto. Pero el artículo antes mencionado ofrece un resumen de los datos experimentales más relevantes acerca del uso de la membrana amniótica y sus células derivadas en el terreno de la medicina regenerativa.
La medicina regenerativa es un nuevo campo basado en el uso de células madre para generar sustitutos biológicos o mejorar las funciones de los tejidos, y sobre todo como alternativa al transplante de órganos.
Las células derivadas del amnios tienen una habilidad de diferenciación multipotente y han atraído la atención como fuente de células madre, pues pueden diferenciarse en cualquiera de las tres capas germinales que dan lugar a los tejidos del embrión: endodermo (hígado, páncreas...), mesodermo (corazón, músculo, esqueleto...), y ectodermo (células nerviosas, piel...); son poco inmunogénicas, tienen funciones antiinflamatorias y no requieren sacrificar embriones humanos, aunque después de lo que se ha leído en la (pésima) prensa española esta última semana pareciera que hasta ahora no podían conseguirse células madre sin destruir embriones, lo cierto es que desde hace tiempo se sabe que existen otras fuentes de materia prima para tener células madre (si bien no tienen exactamente las mismas carácterísticas que las células madre embrionarias, claro está; ése es el auténtico secreto de la noticia presentada recientemente).
Para que las células madre puedan utilizarse como sustitutas de un tejido se necesitan tres cosas: que conserven su capacidad de autoregeneración, que proliferen rápidamente y que puedan diferenciarse en otros tipos celulares; además hay que proveerlas de algún tipo de superfície que sirva de andamio para su proliferación y proporcionarles factores de crecimiento y de diferenciación.
Hasta ahora las células madre preferidas eran las embrionarias y las obtenidas a partir de tejidos adultos, pero ambas presentan unos problemillas que han sido poco aireados en la prensa generalista, que prefieren centrarse en los mensajes amarillistas del estilo "mañana jueves se cura el cáncer".
Por ejemplo, las células madre de adulto son difíciles de aislar y hacer crecer en el laboratorio en número suficiente como para transplantarlas a gran escala. Las células madre embrionarias, en cambio, crecen que se las pelan, hasta el punto que hay que hay que controlar su crecimiento para que no formen tumoraciones. Además requieren el sacrificio de embriones humanos (al menos hasta ahora), con las implicaciones éticas que eso conlleva.
Afortunadamente se descubrió que las células derivadas del amnios también podían diferenciarse en otros tejidos y tenían muchas ventajas. Hasta hace poco la membrana amniótica se utilizaba en lesiones de quemaduras, oftalmología y otros usos médicos. Sus propiedades antiinflamatorias hacen que los transplantes de membrana amniótica no dejen cicatriz. También tienen propiedades antiangiogénicas, antibacterianas, y generalmente no producen fuertes rechazos inmunológicos ni tumoraciones. Para aislar estas celulas basta con rasparlas mecánicamente del corion de una placenta y prepararlas para su cultivo.
Se ha comprobado que pueden diferenciarse en hepatocitos,por ejemplo, y se está investigando su uso como fuente de materia prima de células madre no hepáticas para el transplante de hígado (las células obtenidas a partir de cordón umbilical y médula ósea, por lo visto, dan algunos problemillas).
Lo mismo para cardiomiocitos: las células madre de otras procedencias aplicadas al transplante de corazón dan problemas de rechazo inmunológico, tumurogénesis, número de células requeridas y problemas éticos; las células madre del amnios podrían superar estos inconvenientes. Y se investiga en aplicarlas en el terreno de la regeneración neurológica, auditiva, pancreática o del cartílago.
Además este mismo grupo de investigación está desarrollando nuevas superficie de cultivo celular, cubiertas por un polímero basado en proteínas que permite el cultivo en capas de estas células, así como mejores maneras de conservación del amnios, más manejables que el amnios fresco congelado que se venía utilizando.
Así que el amnios no sólo constituye una fuente interesante de células madre no embrionarias sino que las células que lo componen permiten crear materiales que abren un nuevo campo en la ingeniería tisular. Al final va a resultar que no hay que tirar nada, que todo se recicla.
Publicado por
Elena Garrido
en
10:30
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Etiquetas: Actualidad, Células madre, Medicina


