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10/8/08

Las ojeras, ese oscuro objeto del deseo.


Este blog nació con la voluntad de transmitir los resultados de artículos científicos de actualidad a personas sin una formación en Ciencias Naturales. Para ello, al principio, recurríamos a las revistas que nos eran familiares, al PubMed. Al abandonar nuestras respectivas carreras científicas de laboratorio –perdiendo por tanto el acceso de la Universidad- empezamos a visitar las revistas que nos ofrecían acceso libre a sus contenidos. Luego nuestras cada vez más pesadas cargas laborables hicieron que nos relajáramos y empezamos a abandonar la actualidad, coincidiendo con la creación de alguna que otra serie divulgativa. Sirva esta entrada para pedir disculpas por el abandono del que fue nuestro leit-motiv fundacional.

El cansancio ha hecho mella en nosotros. Creedme, ahora tenemos más ojeras que antes. Y precisamente de esto quería hablaros hoy. De las ojeras.

Todos conocemos qué son las ojeras pero, a día de hoy, no se tiene muy claro su origen, su evolución y, en algunos casos, su prevención. Por no tenerse, no se tiene claro ni su nombre científico (y menos en inglés). Buscando y rebuscando en PubMed, he encontrado referecias a los dark circles of the lower eyelid . Como ya hice hace mucho tiempo (en la entrada sobre baloncesto), repasaré los últimos artículos aparecidos sobre este oscuro asunto.

Es de mala educación preguntar la edad
En enero de este año se publicó en J Eur Acad Dermatol Venereol un artículo sobre los factores que influyen en la determinación de la edad de las mujeres caucásicas. Los científicos siempre con sus estudios estadísticos. En este caso se realizaron fotografías frontales a 173 mujeres caucásicas y se evaluaron varios rasgos faciales con diferentes escalas. Por ejemplo, se clasificaron sus ojeras dependiendo de su color; las comisuras de los labios dependiendo de la presencia de arrugas más o menos evidentes; o el color de la piel según su uniformidad. Y así con multitud de otros rasgos faciales.
Las fotografías se mostraron a 48 evaluadores (20 hombres y 28 mujeres de entre 22 y 64 años) que debían determinar la edad de las fotografiadas. Estadísticamente se comprobó qué factores hacían que la edad aparente fuese mayor o menor, pero también qué grupo de observadores atinaba mejor la edad.
En cuanto al primer resultado, los factores más determinantes sobre la edad aparente eran el contorno de ojos (incluyendo las ojeras) y la uniformidad del color de la piel facial (cosa que tampoco es que precisara de una confirmación estadística). Respecto al segundo, las mujeres resultaron ser mucho más precisas en la determinación de la edad (lo cual tampoco debería sorprender a nadie), y en ambos sexos, los jóvenes atinaban mejor que las personas mayores (aquí no tenía ninguna opinión formada al respecto).
Foto de Brian Boulos, en Flickr y Wikimedia Commons

Dejando de medir a ojímetro
En mayo apareció un estudio en el que se pretendía obtener un método de estudio y medición de las ojeras con la intención de esclarecer su origen. Para ello se midieron diferentes parámetros comparándolos entre personas ojerosas y personas con la piel tersa y reluciente (vale, quizás no lo definían exactamente así). Concretamente se midieron, por análisis de imagen, el índice de eritema, el índice de melanina y el índice de oxigenación, así como, por imágenes por ecografía de ultrasonidos, la densidad de la piel y su grosor. ¿Qué variables estarían más alteradas entre los dos grupos?
Este estudio concluye que los ojerosos presentan un mayor índice de eritema y melanina y un menor grosor dérmico. No sólo presentan una mayor inflamación y una mayor pigmentación de la piel por melanina, sinó que éstas son más evidentes al tener una capa de piel más fina.

Tratamiento: pepino, next generation

Atrás quedan los tiempos en que uno podía despertarse al lado de una ensalada con nariz. Los científicos parecen dispuestos a buscar qué cóctel de moléculas da un mejor resultado. De los artículos más actuales destacaré un par:

En el primero se utiliza una crema con factores de crecimiento humanos, citoquinas (no sé exactamente cuáles) y otros compuestos. Sin entrar en la adecuación del uso de sustancias que se encuentran en el entorno molecular de ciertos cánceres (no se trata tampoco de ser alarmistas, lo importante es parecer jóvenes para siempre, Alphaville rules!), el artículo se centra en los beneficios de este tratamiento sobre una muestra de 37 mujeres entre 35 y 67 años (no parece que haya un grupo control). Los resultados clínicos determinaron (me gustaría saber cómo) un 14-28% de mejoría (¿respecto de… qué? supongo que del estado inicial). Estos evidentes resultados (nótese la ironía) fueron “confirmados” (ironía in crescendo) por un cuestionario proporcionado a las sujetas (¿lo aprecia señora ministra?) de estudio. Éstas aseguraron mejorar su aspecto en un 32%. Vamos, a mí me pregunta alguien qué tanto por ciento de cansado me veo respecto de ayer y no sé qué número ponerme.
Y todo esto sin contar con el efecto placebo. Uno se puede ver mejor si sabe que está aplicándose la cremita de marras, aunque ésta no tenga ningún efecto. Para ello son necesarios los grupos control, a las que se les podría haber administrado una crema idéntica pero sin los agentes mutagén…, perdón, estéticos. Si éstos también mejoraban “un 30%”, las moleculillas poco tendrían (o tuvieren, salvemos el futuro) que ver.
El remate del resumen del artículo (no he podido conseguirlo entero, si alguien me lo manda podré apreciarlo en su hermosa plenitud) viene al asegurar, supongo que con fines de todo menos lucrativos, que un 78% seguiría aplicándose la cremita. No sé si en la pregunta incluían en corolario “pagando”.

En el segundo, aún mejor, se utiliza una mezcla de fitonadiona, retinol y vitaminas C y E sobre la hemostasia (extravasación, salida de líquido y células de los vasos sanguíneos), pigmentación y presencia de pecas en 57 japoneses adultos (no especifican el género). De nuevo, no parece que utilizar un grupo control sea importante en este tipo de estudios. La hemostasia se vio reducida (no precisan en qué grado) en casi la mitad de los sujetos (47%), mientras que “la presencia de pecas también disminuyó en algunos pacientes” (sic). Esto es seriedad. La pigmentación no se veía afectada.

Sacad vosotros mismos las conclusiones y, si podeis, mirad, si lo encontráis, qué estudio respalda la eficacia de las cremitas que adornan vuestro estante o cajón del lavabo. Descubriréis todo un mundo de cifras con dos redonditas separadas por una diagonal. El fino arte de la estadística.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi las ojeras me parecen sexies (al menos las mías)...

Salva dijo...

Lo bueno de intentar estudiar un fenómeno es que se puede evitar... o provocar.

Si ya han salido cremas para la belleza de las axilas, ¿por qué no una crema pro-ojeras? Seguro que Benicio del Toro la utilizaría.