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21/10/08

Obesidad i metabolismo: la importancia de “la opinión de tu cuerpo”

La obesidad es un problema que cada vez afecta a más personas en paises desarrollados (y en vías de desarrollo). Afortunadamente, la hasta ahora recurrente murga que algunos nos querían dar con las razones metabólicas de nuestra obesidad ha cedido al sentido común, y actualmente toda la gente sensata sabe que, dejando de lado los siempre marginales casos derivados de problemas tiroidales y otras cuestiones metabólicas, la inmensa mayoría de casos de obesidad se deben a sobrealimentación (concretamente, con una ingesta de energía muy superior).

Dejando e lado los problemas de salud que se derivan directamente del sobrepeso (la apnea o los problemas psicológicos derivados de la no aceptación del propio físico), los "auténticos problemas" (los responsables de la mortalidad superior) que se relacionan con la obesidad son consecuencia del impacto que esta obesidad tiene sobre el metabolismo: diabetes tipo II, complicaciones cardiovasculares, dislipidemias e incluso cáncer...

Cuando se estudia la diabetes tipo II (aquella que consiste en una resistencia adquirida por los tejidos a la acción de la insulina, y no a una falta congénita de producción funcional por parte del páncreas) des de el punto de vista epidemiológico, se observa una clara correlación con el peso de los individuos: el aumento de casos por kg de peso ganado es completamente lineal.
No obstante, cuando se estudian individuos concretos, este impacto parece no estar asociado a unos estándares en las cantidades de grasa acumulada, sino más bien con dónde estas grasas se acumulan, y la capacidad de acumulación de grasa del individuo en cuestion...

De hecho, cuando se estudian casos concretos de personas afectadas por diabetes tipo II, se pueden encontrar paradojas interesantes, que parecen contradecir la relación grasa acumulada- resistencia a la insulina. Tres ejemplos

- Los individuos con lipodistrofia desarrollan una fuerte resistencia a la insulina. La lipodistrofia es una enfermedad que se caracteriza por la incapacidad de generar tejido adiposo, o que este sea funcional. De resultas, los individuos que la padecen acostumbran a ser extraordinariamente delgados, aunque padecen diabetes, dislipemia y 0tras complicaciones metabólicas.

- Individuos con obesidades mórbidas no presentan este síndrome metabólico (sería esperable si la correlación es tan dependiente del peso...)

- Los medicamentos antidiabéticos de la familia de las Tiazolidinedionas (TZDs) estimulan fuertemente la diferenciación de tejido adiposo, provocando aumento de peso, pero también un incremento de la sensibilidad a insulina.

En los tres casos parece evidente que la relación entre diabetes y peso no es puramente lineal, y parece existir algún otro mecanismo en juego...

La cuenstión entoces es: ¿Cómo se relacionan la obesidad y la diabetes tipo II?

Hay tres hipótesis al respecto:

1) La hipótesis adipoquina: La obesidad altera el perfil de las adipoquinas (hormonas secretadas por el tejido adiposo). La producción del tejido "obeso" tiende más a producir resistencia a la insulina que sensibilidad a la misma.

2) La hipótesis inflamatoria: La obesidad está asociada a una mayor producción de factores que promueven la infiltración de macrófagos y su activación. Los macrófagos activados producen citoquinas que reducen la sensibilidad a la insulina.

3) La hipótesis de la expandibilidad del tejido adiposo: El tejido adiposo se puede ir ampliando hasta un cierto límite (que depende del individuo y su ambiente). Una vez alcanzado el límite, los lípidos se acumulan en tejidos no adiposos y generan mecanismos lipotóxicos que derivan en la resistencia a la insulina.

Pues bien, en este panorama, los investigadors Samuel Virtue i Antonio Vidal-Puig, del Institute of Metabolic Science (Metabolic Research Laboratories, University of Cambridge) explican en su articulo publicado en Plos Biology las razones por las que fundamentalmente se decantan por la tercera hipótesis, es decir, que de forma idiosincrática, cada individuo tiene una capacidad de acumular grasa en su tejido adiposo, y que alcanzado este límite de acumulación, la grasa pasa a acumularse fuera del tejido adiposo, sobre órganos como el hígado y los músculos, donde produce reacciones de lipotoxicidad.

El tejido adiposo subcutáneo ha sido descrito por algunos, no sólo como inofensivo, sino además como beneficioso. Es todo aquel tejido adiposo acumulado bajo la piel, pero fuera de la cavidad abdominal. En cambio, el tejido adiposo visceral (el acumulado dentro del abdomen) parece vinculado al riesgo de padecer los desórdenes metabólicos peligrosos que hemos mencionado antes (entre los cuales está la diabetes tipo II).

¿Qué pruebas parecen sustentar la hipótesis de la expandibilidad del tejido adiposo?

- El ratón "megagordo": Si la hipótesis del límite a la expansión del tejido adiposo es cierta, un ratón sin este límite podría engordar sin límite, y escapar probablemente a la complicaciones metabólicas asociadas a la acumulación de grasa fuera del tejido adiposo (recordemos que la acumulacion de grasa al tejido adiposo subcutáneo parece no estar asociada a ningún problema metabólico). Eso es lo que parecen haber conseguido Kim et al, según publican en su artículo en el Journal of Clinical Investigation. Eliminando el límite a la acumulación de grasa en el tejido subcutáneo, mantuvieron la sensibilidad a la insulina y, además, constataron que los depósitos sobre el hígado no se formaban aunque la cantidad de grasa acumulada era aún mayor que en otros modelos de raton obeso.

- Humanos tratados con TZDs: El mecanismo de funcionamiento de esta familia de antidiabéticos es, precisamente, el aumento del límite de capacidad del tejido adiposo subcutáneo. Aunque se mejora la sensibilidad de la insulina, el peso de los pacientes en general aumenta, pero los depósitos de grasa viscerales se ven drásticamente disminuidos. Esto parece dejar bastante clara la relación entre la cantidad de grasa que el tejido adiposo subcutáneo es capaz de admitir y la formación de los depósitos viscerales, así como su relación con la resistencia a la acción de la insulina.

Establecer el hecho de que los problemas metabólicos asociados a la obesidad están relacionados con los límtes en la capacidad individual de acumular nutrientes excedentes puede sentar las bases de toda una nueva concepción en la lucha contra los problemas derivados de la obesidad, más insipirada en la adaptación de las técnicas no al peso del individuo en relación con tablas estandarizadas para toda una población, sino en la observación del comportamiento del organismo ante esta grasa excedente.

Y, en medio de este panorama, la opción sensata (come menos y camina un poco más) no parece ser muy popular: lo que interesa a la economía de mercado es más bien "come tanto como puedas, luego ya te harás quitar lo que te sobre"...