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2/12/07

Nacen sabiendo latín

A la cruzada por demostrar científicamente las grandes verdades universalmente conocidas se ha apuntado un grupo de científicos estadounidenses, que se han ganado un Nature por demostrar que, efectivamente, los niños saben dónde está el cariño.
Es la primera evidencia de que las preferencias sociales de los bebés están influenciadas por el comportamiento de los demás hacia terceras personas, y no sólo por la manera en la que los demás les tratan a ellos. Desde muy chiquitos sabemos detectar cuándo esa persona trata mal a los demás, y así prevenirnos contra ellos.
En realidad los autores evaluaban la capacidad de evaluación social de los niños, lo que en cheli palatino se ha llamado toda la vida "calar".


Todos los animales sociales poseen la capacidad de distinguir entre individuos amigables e indeseables.
En humanos, esta capacidad de discernir, según el físico y el comportamiento, entre la gente que considerábamos adecuada y la gente poco recomendable era bien conocida, pero no se sabía su base ontogenética.La importancia de dicho comportamiento a nivel evolutivo parece bastante clara, y supone una base para el posterior desarrollo abstracto de la moral y demuestra que la capacidad de evaluación social es una adaptación biológica.

Las terceras personas que los niños tuvieron que evaluar eran figuras geométricas, no antropomórficas, pero con ojos. Una de ellas tenía que escalar una montaña. Durante un tiempo en el cual los investigadores se aseguraron de que los niños procesaban lo que veían, se alternaban imagenes de otras figuras geométricas ayudando o molestando a la que figura escaladora. Después les daban a elegir entra la figura bienhechora y la maligna y los niños se tiraron en plancha (10 de 12) a elegir la figura geométrica bienhechora.

En experimentos previos con niños más mayores (9 y 12 meses) los resultados fueron los mismos.

Tambien evaluaron el tiempo que los niños observaban la siguiente acción: la figura trepadora se acercaba a la figura bienhechora (lo cual no sería sorprendente, puesto que ya antes la había ayudado) o a la figura molestona. Los niños se quedaban flipando y miraban intensamente la imagen del trepador alternando con la figura maligna (¡pero qué hace!); en cambio,los niños más mayores miraron durante el mismo tiempo cualquiera de los dos acercamientos, sugiriendo que la capacidad de evaluación social se desarrolla antes que la habilidad para inferir las evaluaciones de otros (es decir, que ellos desarrollan unas preferencias sociales determinadas antes de poder entender que las demás personas pueden desarrollar preferencias sociales distintas, que no cuadren con las suyas propias).

Y cuando la figura bienhechora y la maligna se les ofrecían a los niños de forma separada pero acompañadas por una figura neutral, a la que ellos no habían visto ayudar o molestar a nadie, los niños seguían prefiriendo en masa a la figura bienhechora por encima de la neutral o a la neutral por encima de la malhechora.

Gustan porque son buenos, no porque sean guapos. (Flickr)


Las formas geométricas y no antropomórficas de las figuras descartaba que los niños se basasen en razones superficiales para valorar la conducta de los demás (como la belleza física, por ejemplo), si no que sólo se fijan en su comportamiento social. Así que si Walt Disney dibuja a los héroes guapos y a los malos horrorosos lo hace por capricho, porque no hace falta: los niños sabrían igualmente quién es el bueno y quién es el malo.

1 comentario:

Accésan dijo...

Los críos se las saben todas, eso lo puede certificar cualquiera que tenga un hijo o un sobrino de corta edad y juegue un rato con él.

Así que no me sorprende lo que han demostrado estos investigadores.

Me recuerda un poco a lo que explicaban los cooperantes de la ONG del individuo este que presuntamente trataba muy mal a los niños en un país africano. Ellos decían (no sé si es verdad, pero "se non é vero, é ben trobato") que cuando ese hombre entraba en la sala de los niños, estos paraban de llorar, de gritar...